Circo es la
secuela discográfica de Mundo. Al igual que su antecesor, hay un concepto que
atraviesa el disco a lo largo de su recorrido, que le da un sentido y lo
orienta en una dirección preestablecida. Esa virtud de ver desde el inicio, no solo el
lugar a donde se quiere llegar, sino el camino a transitar, no es nada para
despreciar, sino más bien un atributo del que pocos pueden hacer gala.
Puede que
Circo no sea tan efectivo como Mundo. Puede que haciendo uso de la misma receta
le falten algunos de los condimentos que hicieron de su antecesor el mejor de
los discos ignorados en los últimos años.
Pero circo
se destaca también por mérito propio. Ubicado en los renglones de más abajo en
el árbol genealógico beatlero, está directamente emparentado con la etapa más
experimental de los cuatro fabulosos. Y no solo musicalmente, sino que a un
nivel mucho más profundo. Pero a diferencia de Mundo, en este disco empieza a
asomar un Gavilán más maduro. Es que de tanto de tanto recorrer, cuando el Circo
vuelve a la ciudad, se le notan las marcas del camino.


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