Hay gente
que dice que el proceso de escribir un disco es una tarea un poco azarosa, que
las canciones lo encuentran a uno y solo hay que apropiarse de ellas. Hay otros
que sostienen que lleva muchísimo trabajo y que es una tarea, por momentos,
titánica. Parece que para Diego Rebella, Guadalupe 1994 fue un poco de las
dos.
Un disco
que desde la primera escucha deja la clara impresión de ser una extensión
autobiográfica de su autor, pero también de da cuenta de la ardua tarea emocional
que representa un disco así.
Durante el
prolongado recreo del que viene disfrutando Sinatras, Diego se dedicó a
encontrarle un hogar a una serie de canciones huérfanas que definitivamente
venían de un barrio distinto al de las canciones de la banda. Un barrio menos ruidoso, probablemente igual
de gris, y definitivamente menos transitado.
Esas canciones encontraron domicilio fijo en Guadalupe 1994, después de
haber estado durmiendo a la intemperie por un buen tiempo.

